El pueblo de Branscombe, en el suroeste de Inglaterra, siempre había sido un lugar tranquilo. Pero eso era antes del 22 de enero del 2007. El responsable de este cambio fue un barco: el “MS-Napoli”. Una mañana, los habitantes de Branscombe se despertaron con este portacontenedores de 275 metros de largo, embarrancado a 300 metros de la playa. Atrapados en una gran tormenta en el Canal de la Mancha, con las máquinas estropeadas y el timón bloqueado, el comandante decide abandonar el barco, con la tripulación, en una canoa de salvamento. Al día siguiente se intenta remolcar el “Napoli”. Pero, ¿hacía donde hay que ir para salvar la carga y evitar una catástrofe ecológica? Los miembros del salvamento inglés y francés deciden embarrancar el barco en la bahía de Lyme, a poca distancia de la costa inglesa. A la mañana siguiente, decenas de contenedores llenan la playa de Branscombe. Treinta y seis horas de locura. Todo es gratis y la playa se transforma en un supermercado. Una playa devastada y unas fuerzas de la policía superadas por los acontecimientos, porque según la ley sobre la Marina Mercant, todo el mundo tiene derecho a recuperar todo lo que llega a la playa.
En Branscombe, este episodio dejó un sabor amargo. Los habitantes testimonian la tormenta que ha ganado su pueblo y que ha traumatizado a más de uno
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